Capitulo I
Soy conocido como Juan Lozano,
un padre, si lo veo de la manera cotidiana, orgulloso de serlo, pero a mi
perspectiva, uno que cumple nada mas a cabalidad el rol de serlo, de una hija
de 5 años; Melinda. Tengo una edad quizá hasta muy pequeña para ser un padre,
apenas rondo los 35 mi complexión física no es la de un actor de cine de
Hollywood mucho menos de un deportista, digamos… soy el atleta que no hace
deportes, mi esposa, Ana María, una madre dulce, cariñosa y perspicaz, con un
gesto tierno en su mirada hace referencia a lo hermosa que puede ser en sus
sentimientos, con su tez blanca y su cabello recortado hasta media espalda, con
un tono café y sus ojos pequeños y dulces con un color café oscuro que en plena
noche se ven de un negro intenso, con un cuerpo fino y definido.
La conocí un día, a la salida
del trabajo, cuando decidía si ocupar un atajo o no, en el cruce de la calle,
teniendo una espontanea y efímera mirada fija a nuestros ojos, la vi, desde ese
día siempre decidí ir por el mismo lugar, hasta que entablamos conversación,
comenzamos a salir y terminamos siendo novios, teniendo ya dos años de ser
novios, decidí proponerle matrimonio, al año de estar casados nació nuestra
hija Melinda, son 8 años que he compartido con ella, una relación donde el amor
ha ido cambiando, entre una sinuosa cuesta y bajada a la ves, es como una
montaña rusa del amor, quizá por eso es que hemos cambiado totalmente nuestras
perspectivas uno del otro.
Después de todos estos años la
monotonía en mi vida ha hecho que cambie con el mismo tiempo, llevándome a una situación
bastante extenuante, esto me llevo a
querer encontrar una nueva vida, experimentar una nueva rutina en lo que
había sido mi caótica vida cotidiana.
Un día, con una mañana soleada
y cálida, con un ambiente entre humedad y calor, llegue a mi oficina como
cualquier día, entre los compañeros veía cierto estado intrigante, pero no
repare en poner atención, llegue a mi cubículo, y saque mis cosas como de
costumbre, llevando mi rutina de siempre; cuando supe, por los murmullos de los
de mi cercanía, que había una contratación nueva en el área, me intrigo mucho
saber quien era y de que lugar era esta nueva contratación.
Al medio día, la hora típica
del almuerzo todos comenzaron a salir, como es de costumbre, yo siempre llevo
conmigo algo de comer, la misma vida me ha hecho ser un poco especial en cuanto
a las relaciones interpersonales, me limito solo a ser un espectador.
Como siempre el cuarto queda,
literalmente, solo, a excepción de quien esta encargado de revisar el orden de
los documentos, el conserje y uno que otro que vaga entre los pasillos de la
oficina, cuando logre divisar que habían algunas cosas diferentes a las que
suelo ver siempre entre la soledad del lugar; tomando mi bocado logre divisar a
lo lejos entre los cubículos del fondo del pasillo, a una mujer que antes no
había visto y supuse, desde que la vi, era la nueva contratación de la empresa,
pero como siempre no le di importancia alguna, seguí mi rutina diaria del
almuerzo.
Pasaron dos días siempre con la
misma escena, solo la veía a lo lejos en el fondo del pasillo, hasta que un día
decidí levantarme y cambiar mi lugar de almuerzo cotidiano, salí al lado del
fondo del pasillo, esta la salida de emergencia, una puerta pequeña de color
amarillo con una cerradura extraña, con una barra que atraviesa de lado a lado,
la cual se empuja y el cerrojo abre, esta salida lleva a un remolino de gradas
que están cerca de una zona como un jardín con arboles grandes, que
proporcionan una sombra adecuada para poder sentarse debajo de ellos y estar
tranquilo.
Salí y baje hasta el jardín,
llegue a un árbol frondoso y algo pequeño, decidí sentarme y observar todo a mi
alrededor, comencé a sacar mis alimentos, note que me gustaba mi alrededor,
todo con colores verdosos y el aire tranquilo que rodeaba el lugar, y un
silencio natural y de pronto el sonido de una cerradura rompió ese silencio,
dirigí mi mirada al lado de la salida de emergencia cuando divise una figura
pequeña de mujer, era ella la mujer que había visto antes en los pasillo, era
de un cuerpo delgado, piernas pequeñas y largas, con curvas pequeñas pero
atractivas con un cabello delicado y suave, con un intenso negro como la noche,
su piel, que refleja la luz del sol como si fuese una hoja de papel blanco, es
blanca como la nieve y sus labios... esos labios pequeños y muy detallados, con
un color rojo que pareciera se ha desangrado… una hermosa mujer blanca como la
nieve y labios con el rojo de la sangre.
Bajo por las escaleras y llego
donde estaba, me miro con sus hermosos ojos negros que apenas y sobresalían de
su pequeño rostro que parecía de una niña traviesa, y su pequeña nariz hacia
verla aun mas; llego donde estaba yo y se sentó junto a mi, el perfume que
emanaba de ella enloqueció mi sentido del olfato, queriendo devorar
virtualmente un jardín de flores de jazmín, me vio directamente mientras yo no
le quitaba la mirada de encima, al sentarse solamente sonrió y me dijo:
-
Ten
cuidado, a veces tus ojos son la ventana de tu alma, algunos pueden atravesarla
y pueden ver todo lo que pasa en tu vida.
Cuando la escuche hablar fue un
estrepitoso efecto sonoro casi cacofónico en mi cabeza, su voz era dulce y aguda,
pero no molesta, y con un tono seductor y sexy, estaba literalmente a su
disposición podía hacer lo que fuera si ella me lo pedía, estaba hipnotizado.
Para cuando reaccione, había
tenido una mala expresión de mí, me limite a sonreír y dirigirle unas palabras
un poco en tono de sarcasmo y burla a mi mismo.
-
¿Quizá
es por que seré así de tonto y dejo que todos entren a mi vida?
Después de eso, ella sonrió e
hizo un gesto de ternura y dulzura, saco de una pequeña lonchera de tela, el
almuerzo que muy cuidadosamente había sido colocado en recipientes herméticos,
comenzó a destaparlos y me dirigió una mirada un poco extraña, como si me invitara
a comer de su almuerzo – Eres el que trabaja en el área de proveedores ¿verdad?
– me dijo, mientras llevaba un bocado a su boca, – si – le respondí, con un
tono de curiosidad del por que lo sabia o como era que lo sabia.
Mientras ella me pregunto ¿que
era de mi vida? Yo tenía una imaginación libidinosa mientras la veía articular
las palabras con sus labios que me incitaban a tener mucho más que un beso
explícitamente.
Comente de mi esposa y de mi
hija y con una facilidad que no me di cuenta que en una hora había resumido mi
vida y a alguien que apenas conocía, había hecho algo en mi que no sabia
explicarme, la naturalidad con la que salían mis palabras y mis confesiones
eran casi imposibles hasta con mi esposa.
Llegando la hora de regresar a
la oficina, me levante y tendí mi mano para ayudarle a levantarse y así
mostrarle que tenia algo de educación y no era como los demás hombres en la
oficina, que nada mas hablaban de ella sin tener una conversación con ella. Me
tomo la mano y sentí su delicada piel de ellas, una mano pequeña y con dedos
delgados y largos, con uñas pintadas con un esmalte color rojo vino, pareciendo
un ocre intenso, y su muñeca débil y sensual, al levantarse quede justamente
frente a su rostro a una distancia un poco precavida y a la ves atrevida, dirigió
su mirada a mis ojos con un gesto en su cabello con su mano izquierda, haciendo
que su cabello quedara atrás de su oreja pera luego dibujar una sonrisa picara
y tierna.
– ¿Compartimos mucho tiempo y
no sabré exactamente tu nombre? – Dijo, mientras se soltaba de mi mano que la
sujetaba viendo hacia mis ojos perdidos en el negro intenso de los suyos – Juan
– Le dije – Juan Lozano – al termino de mi palabra una leve sonrisa se dibujo
en su hermosa cara de angelical blanco puro – Beatriz – me dijo con un gesto de
lascivia de sus labios – Beatriz Miranda –
Subimos por las escaleras, ella
subió primero, con la intensión que yo quedara atrás de ella, notaba sus
intenciones, deje que lo hiciera, mientras subía, mi vista no podía dejar de
ver sus caderas moviéndose de tal manera que parecía una invitación a algo mas
que solo un vistazo, sus glúteos formando un pequeño y contorneado trasero de
niña adolescente que se unen con las hermosas piernas delgadas y largas que
tenia, moviéndose en un vaivén que, a un hombre común, le fuera un espectáculo
pornográfico puro, mientras en mi mente solo pasaban pensamientos de
sensualidad.
Al llegar a la puerta, tome la
cerradura y la abrí, mientras ella se hacia a un lado, hice que pasara primero,
su rostro se convirtió a un gesto neutral, mientras su mano derecha se paseo
por todo mi pecho, con una insinuación, para luego seguir por el pasillo y ver
hacia atrás dejando que su cabello pareciera una sesión fotográfica para
modelos, soltando una mirada sexy y lasciva, se dirige al lado contrario de mi
cubículo entrando al área de publicaciones en medios.
Seguí mi camino hasta llegar a
mi cubículo, note que la oficina estaba ya con algunas personas en sus lugares,
y el cuchicheo de siempre.
Recogí mis cosas y mi lonchera
del escritorio y los guarde, tome mis documentos y no dejaba de pensar en esos
hermosos ojos negros y sus labios, me embargaban millones de fantasías en ese
momento quería dejar de pensarlas, vi la foto de mi esposa e hija y mis
pensamientos se disiparon por un momento, dejando que pudiera trabajar
tranquilamente.
Al termino del día, todos
empezaban a ordenar sus cosas, igualmente yo, ordenaba mis documentos para el día
siguiente, saque mi lonchera y la recordé y su nombre se repitió en mi cabeza –
Beatriz… Beatriz – resonaba en mi cabeza con su voz tan sensual.
Me dirigí a la salida como
siempre, abrí la puerta y comencé a caminar a mi lugar de destino, – donde esta
mi auto – escuche, – no, es que lo necesito ahora mismo – prosiguió la voz, era
Beatriz al lado de donde yo iba caminando, entre el sin fin de personas
cruzándose frente a mi, estaba hablando por teléfono, con cierta pena me
acerque a ella – estas bien – le dije, y al verme solo note su hermosa sonrisa
– si lo estoy – me respondió, estaba discutiendo con su mecánico ya que no le
habían entregado su auto, me ofrecí a acompañarla ya que yo no tenia auto, yo
me dirigía siempre en autobús a mi hogar.
En el camino, comentamos
cuestiones de la sociedad, un poco de mi gusto por la música y ciertas
trivialidades de las cuales no es necesario ni hablarlas, al llegar a la
estación donde ella se iba a quedar, decidí bajarme con ella, solo habían unas
tres cuadras de diferencia de donde yo lo hacia, la acompañe hasta su
apartamento, en el camino no hubo ni una palabra, solamente seguimos como si
fuésemos mudos.
Llegando al apartamento vio
fijamente la puerta, como si me invitara a pasar a su casa, se detuvo frente y
me dirigió su mirada dulce, se saco las llaves de la bolsa de su sacola y las
sonó – bueno acá es donde vivo – me dijo mientras se notaba su nerviosismo en
sus movimientos corporales – bueno, es donde me despido – le conteste; me
acerque a su mejía y me despedí, note su fascinación al roce de mis labios en
su mejía, le sonreí y me retire a mi casa.
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