Silenciosa Danza con la Muerte (Cuento)

jueves, octubre 25, 2012



Capitulo I

Soy conocido como Juan Lozano, un padre, si lo veo de la manera cotidiana, orgulloso de serlo, pero a mi perspectiva, uno que cumple nada mas a cabalidad el rol de serlo, de una hija de 5 años; Melinda. Tengo una edad quizá hasta muy pequeña para ser un padre, apenas rondo los 35 mi complexión física no es la de un actor de cine de Hollywood mucho menos de un deportista, digamos… soy el atleta que no hace deportes, mi esposa, Ana María, una madre dulce, cariñosa y perspicaz, con un gesto tierno en su mirada hace referencia a lo hermosa que puede ser en sus sentimientos, con su tez blanca y su cabello recortado hasta media espalda, con un tono café y sus ojos pequeños y dulces con un color café oscuro que en plena noche se ven de un negro intenso, con un cuerpo fino y definido.

La conocí un día, a la salida del trabajo, cuando decidía si ocupar un atajo o no, en el cruce de la calle, teniendo una espontanea y efímera mirada fija a nuestros ojos, la vi, desde ese día siempre decidí ir por el mismo lugar, hasta que entablamos conversación, comenzamos a salir y terminamos siendo novios, teniendo ya dos años de ser novios, decidí proponerle matrimonio, al año de estar casados nació nuestra hija Melinda, son 8 años que he compartido con ella, una relación donde el amor ha ido cambiando, entre una sinuosa cuesta y bajada a la ves, es como una montaña rusa del amor, quizá por eso es que hemos cambiado totalmente nuestras perspectivas uno del otro.

Después de todos estos años la monotonía en mi vida ha hecho que cambie con el mismo tiempo, llevándome a una situación bastante extenuante, esto me llevo a  querer encontrar una nueva vida, experimentar una nueva rutina en lo que había sido mi caótica vida cotidiana.

Un día, con una mañana soleada y cálida, con un ambiente entre humedad y calor, llegue a mi oficina como cualquier día, entre los compañeros veía cierto estado intrigante, pero no repare en poner atención, llegue a mi cubículo, y saque mis cosas como de costumbre, llevando mi rutina de siempre; cuando supe, por los murmullos de los de mi cercanía, que había una contratación nueva en el área, me intrigo mucho saber quien era y de que lugar era esta nueva contratación.

Al medio día, la hora típica del almuerzo todos comenzaron a salir, como es de costumbre, yo siempre llevo conmigo algo de comer, la misma vida me ha hecho ser un poco especial en cuanto a las relaciones interpersonales, me limito solo a ser un espectador.

Como siempre el cuarto queda, literalmente, solo, a excepción de quien esta encargado de revisar el orden de los documentos, el conserje y uno que otro que vaga entre los pasillos de la oficina, cuando logre divisar que habían algunas cosas diferentes a las que suelo ver siempre entre la soledad del lugar; tomando mi bocado logre divisar a lo lejos entre los cubículos del fondo del pasillo, a una mujer que antes no había visto y supuse, desde que la vi, era la nueva contratación de la empresa, pero como siempre no le di importancia alguna, seguí mi rutina diaria del almuerzo.

Pasaron dos días siempre con la misma escena, solo la veía a lo lejos en el fondo del pasillo, hasta que un día decidí levantarme y cambiar mi lugar de almuerzo cotidiano, salí al lado del fondo del pasillo, esta la salida de emergencia, una puerta pequeña de color amarillo con una cerradura extraña, con una barra que atraviesa de lado a lado, la cual se empuja y el cerrojo abre, esta salida lleva a un remolino de gradas que están cerca de una zona como un jardín con arboles grandes, que proporcionan una sombra adecuada para poder sentarse debajo de ellos y estar tranquilo.

Salí y baje hasta el jardín, llegue a un árbol frondoso y algo pequeño, decidí sentarme y observar todo a mi alrededor, comencé a sacar mis alimentos, note que me gustaba mi alrededor, todo con colores verdosos y el aire tranquilo que rodeaba el lugar, y un silencio natural y de pronto el sonido de una cerradura rompió ese silencio, dirigí mi mirada al lado de la salida de emergencia cuando divise una figura pequeña de mujer, era ella la mujer que había visto antes en los pasillo, era de un cuerpo delgado, piernas pequeñas y largas, con curvas pequeñas pero atractivas con un cabello delicado y suave, con un intenso negro como la noche, su piel, que refleja la luz del sol como si fuese una hoja de papel blanco, es blanca como la nieve y sus labios... esos labios pequeños y muy detallados, con un color rojo que pareciera se ha desangrado… una hermosa mujer blanca como la nieve y labios con el rojo de la sangre.

Bajo por las escaleras y llego donde estaba, me miro con sus hermosos ojos negros que apenas y sobresalían de su pequeño rostro que parecía de una niña traviesa, y su pequeña nariz hacia verla aun mas; llego donde estaba yo y se sentó junto a mi, el perfume que emanaba de ella enloqueció mi sentido del olfato, queriendo devorar virtualmente un jardín de flores de jazmín, me vio directamente mientras yo no le quitaba la mirada de encima, al sentarse solamente sonrió y me dijo:

-          Ten cuidado, a veces tus ojos son la ventana de tu alma, algunos pueden atravesarla y pueden ver todo lo que pasa en tu vida.

Cuando la escuche hablar fue un estrepitoso efecto sonoro casi cacofónico en mi cabeza, su voz era dulce y aguda, pero no molesta, y con un tono seductor y sexy, estaba literalmente a su disposición podía hacer lo que fuera si ella me lo pedía, estaba hipnotizado.

Para cuando reaccione, había tenido una mala expresión de mí, me limite a sonreír y dirigirle unas palabras un poco en tono de sarcasmo y burla a mi mismo.

-          ¿Quizá es por que seré así de tonto y dejo que todos entren a mi vida?

Después de eso, ella sonrió e hizo un gesto de ternura y dulzura, saco de una pequeña lonchera de tela, el almuerzo que muy cuidadosamente había sido colocado en recipientes herméticos, comenzó a destaparlos y me dirigió una mirada un poco extraña, como si me invitara a comer de su almuerzo – Eres el que trabaja en el área de proveedores ¿verdad? – me dijo, mientras llevaba un bocado a su boca, – si – le respondí, con un tono de curiosidad del por que lo sabia o como era que lo sabia.

Mientras ella me pregunto ¿que era de mi vida? Yo tenía una imaginación libidinosa mientras la veía articular las palabras con sus labios que me incitaban a tener mucho más que un beso explícitamente.

Comente de mi esposa y de mi hija y con una facilidad que no me di cuenta que en una hora había resumido mi vida y a alguien que apenas conocía, había hecho algo en mi que no sabia explicarme, la naturalidad con la que salían mis palabras y mis confesiones eran casi imposibles hasta con mi esposa.

Llegando la hora de regresar a la oficina, me levante y tendí mi mano para ayudarle a levantarse y así mostrarle que tenia algo de educación y no era como los demás hombres en la oficina, que nada mas hablaban de ella sin tener una conversación con ella. Me tomo la mano y sentí su delicada piel de ellas, una mano pequeña y con dedos delgados y largos, con uñas pintadas con un esmalte color rojo vino, pareciendo un ocre intenso, y su muñeca débil y sensual, al levantarse quede justamente frente a su rostro a una distancia un poco precavida y a la ves atrevida, dirigió su mirada a mis ojos con un gesto en su cabello con su mano izquierda, haciendo que su cabello quedara atrás de su oreja pera luego dibujar una sonrisa picara y tierna.

– ¿Compartimos mucho tiempo y no sabré exactamente tu nombre? – Dijo, mientras se soltaba de mi mano que la sujetaba viendo hacia mis ojos perdidos en el negro intenso de los suyos – Juan – Le dije – Juan Lozano – al termino de mi palabra una leve sonrisa se dibujo en su hermosa cara de angelical blanco puro – Beatriz – me dijo con un gesto de lascivia de sus labios – Beatriz Miranda ­–

Subimos por las escaleras, ella subió primero, con la intensión que yo quedara atrás de ella, notaba sus intenciones, deje que lo hiciera, mientras subía, mi vista no podía dejar de ver sus caderas moviéndose de tal manera que parecía una invitación a algo mas que solo un vistazo, sus glúteos formando un pequeño y contorneado trasero de niña adolescente que se unen con las hermosas piernas delgadas y largas que tenia, moviéndose en un vaivén que, a un hombre común, le fuera un espectáculo pornográfico puro, mientras en mi mente solo pasaban pensamientos de sensualidad.

Al llegar a la puerta, tome la cerradura y la abrí, mientras ella se hacia a un lado, hice que pasara primero, su rostro se convirtió a un gesto neutral, mientras su mano derecha se paseo por todo mi pecho, con una insinuación, para luego seguir por el pasillo y ver hacia atrás dejando que su cabello pareciera una sesión fotográfica para modelos, soltando una mirada sexy y lasciva, se dirige al lado contrario de mi cubículo entrando al área de publicaciones en medios.

Seguí mi camino hasta llegar a mi cubículo, note que la oficina estaba ya con algunas personas en sus lugares, y el cuchicheo de siempre.

Recogí mis cosas y mi lonchera del escritorio y los guarde, tome mis documentos y no dejaba de pensar en esos hermosos ojos negros y sus labios, me embargaban millones de fantasías en ese momento quería dejar de pensarlas, vi la foto de mi esposa e hija y mis pensamientos se disiparon por un momento, dejando que pudiera trabajar tranquilamente.

Al termino del día, todos empezaban a ordenar sus cosas, igualmente yo, ordenaba mis documentos para el día siguiente, saque mi lonchera y la recordé y su nombre se repitió en mi cabeza – Beatriz… Beatriz – resonaba en mi cabeza con su voz tan sensual.

Me dirigí a la salida como siempre, abrí la puerta y comencé a caminar a mi lugar de destino, – donde esta mi auto – escuche, – no, es que lo necesito ahora mismo – prosiguió la voz, era Beatriz al lado de donde yo iba caminando, entre el sin fin de personas cruzándose frente a mi, estaba hablando por teléfono, con cierta pena me acerque a ella – estas bien – le dije, y al verme solo note su hermosa sonrisa – si lo estoy – me respondió, estaba discutiendo con su mecánico ya que no le habían entregado su auto, me ofrecí a acompañarla ya que yo no tenia auto, yo me dirigía siempre en autobús a mi hogar.

En el camino, comentamos cuestiones de la sociedad, un poco de mi gusto por la música y ciertas trivialidades de las cuales no es necesario ni hablarlas, al llegar a la estación donde ella se iba a quedar, decidí bajarme con ella, solo habían unas tres cuadras de diferencia de donde yo lo hacia, la acompañe hasta su apartamento, en el camino no hubo ni una palabra, solamente seguimos como si fuésemos mudos.

Llegando al apartamento vio fijamente la puerta, como si me invitara a pasar a su casa, se detuvo frente y me dirigió su mirada dulce, se saco las llaves de la bolsa de su sacola y las sonó – bueno acá es donde vivo – me dijo mientras se notaba su nerviosismo en sus movimientos corporales – bueno, es donde me despido – le conteste; me acerque a su mejía y me despedí, note su fascinación al roce de mis labios en su mejía, le sonreí y me retire a mi casa.


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